Laureano Camilo Denuncia en Barahona

Por: Laureano Camilo

Maleantes desaprensivos, siempre atentos a buscar medios deshonestos para aprovecharse de lo ajeno han formado una red de inescrupulosos, en forma de verdaderas mafias con objetivos inmobiliarios, quienes mediante el desorden y la agitación se apoyan en la debilidad institucional del sector público y judicial y se dedican a la tarea de buscar donde invadir terrenos.

Casos más recientes se han presentado en la provincia de Barahona, donde las invasiones de terrenos están azotando a los propietarios legítimos en el tramo costero. Se han reportado denuncias de que en estos incidentes participa una ONG y se combina con individuos que desempeñan o tienen aspiraciones políticas a nivel municipal, en dicho tramo, incitadas por abogados e inescrupulosos. No obstante las quejas y querellas presentadas por los propietarios afectados, el ministerio público de esa provincia se muestra renuente a actuar con firmeza.

Un Procurador Fiscal Adjunto fundamentó el rechazo de una querella de propietarios afectados: Cuando dos o más personas se constituyen en turba para invadir terrenos o propiedades de particulares de forma espontánea, o irrumpir la paz pública a través de desórdenes o actos similares, no puede ser confundida como una asociación de malhechores.

Tan benevolente y aparentemente ingenua expresión, parece desconocer la realidad que impera detrás de esos hechos, y se minimiza y se quita importancia a las masivas invasiones y a los variados niveles de participación de los agentes que las instigan. Esto, sino preocupa a esas instancias, si perturba a los propietarios, a los inversionistas y a todos aquellos que aspiran a que el turismo regional se inicie con vigor y se desarrolle en un ambiente de tranquilidad y sosiego.

Barahona ha estado sujeta, por largo tiempo, a un letargo que le ha impedido, a pesar de sus excelentes condiciones para el turismo, seguir la ruta del progreso. Parece que los anuncios del Secretario de Estado de Turismo, señalando el interés oficial y de algunos inversionistas extranjeros, para llevar adelante proyectos turísticos de envergadura, que rescatarían a esa provincia del atraso que la afecta, junto con el laudable esfuerzo de los pocos inversionistas locales que contra de viento y marea han mantenido sus negocios, ha renovado el apetito de lucro de esos grupos de malhechores.

El gobierno nacional, y las autoridades provinciales, deben abrir sus ojos, y actuar con firmeza, incluso de manera preventiva, al menor asomo de desorden, pues esa ralea indiscriminadamente amenaza tanto a los terrenos privados como los del Estado.

Cualquier estrategia de desarrollo turístico para las provincias del suroeste y del resto de las áreas turísticas del país, corre el riesgo de verse frustrada por los efectos de esas invasiones, que crean inseguridad y desorden.

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